La transformación digital no va de tecnología

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El concepto de transformación digital de las empresas parece decir ya todo sobre el tema en su propio nombre: dispositivos, máquinas, soluciones de software, automatizaciones y algoritmos. Pero nos estaríamos equivocando si lo vemos únicamente como una cuestión de tecnología.

“En todo este proceso, lo digital es un accesorio; es capacitador del cambio, pero no es el cambio. La transformación digital es más negocio que tecnología”, señalaba hace unos días Aleix Valls, exdirector de la Mobile World Capital y fundador de Liquid Co. Desde el sector del marketing, Juan Luis Polo, en este artículo, venía a decir lo mismo con otras palabras: “La transformación digital no son tanto las herramientas digitales (…), sino el grado de desarrollo de tres aspectos claves: estrategia, cultura y desarrollo de talento”.

Si damos por bueno, como normalmente señalan las escuelas de negocio, que el punto de partida para la transformación digital de una empresa tiene que ser la definición de una estrategia adecuada, el departamento de marketing tiene mucho que decir al respecto. Se trata de dar con la respuesta adecuada a las preguntas de quién somos, qué queremos ser y cómo lo hacemos para cambiar.

No hay fórmulas universales

Explotar el potencial de una empresa en la era digital requiere conocer a fondo todo lo que la atañe, pero también a qué se enfrenta en el mercado, lo cual incluye tanto a la competencia como a sus clientes potenciales. Soluciones a medida de la empresa y adaptadas al cambiante mundo actual para garantizar su negocio a largo plazo y, a ser posible, aprovechar las oportunidades para mejorar sus resultados.

Lo que tiene que recoger esa estrategia es cómo funciona la sociedad digital en la que estamos inmersos y cuál es el papel de la empresa en ella. Por ejemplo, y sin salir del ámbito del marketing, nadie puede obviar la omnipresencia de los teléfonos móviles como primer canal de comunicación. Es inevitable considerar la creación de comunidades de clientes/fans en torno a una marca, pero también la valoración (en ocasiones de forma negativa) que se hace de productos y servicios en internet.

Y, por supuesto, hay que tener en cuenta las ventajas que el big data proporciona a la hora de segmentar audiencias, definir patrones de comportamiento y efectuar mejoras en las estrategias comerciales. Es tiempo de marketing analítico: bucear en cifras para identificar patrones y llegar a las conclusiones correctas no es algo que tenga que ver con la herramienta que se utilice para hacerlo, sino con el modo de trabajar de un departamento clave para que la transformación digital llegue a buen puerto.

 

 

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